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10 consejos para lograr que tu web trabaje para ti (y no tú para tu web)

En el momento de decidirnos a crear o renovar una página web debemos tener en cuenta una serie de aspectos fundamentales para garantizar el éxito del proyecto

Hay un error muy habitual cuando alguien encarga o construye una página web: acabar siendo esclavo de ella en lugar de al revés. Se invierte tiempo, dinero y energía... y la web sigue sin generar resultados. Pasan los meses, se acumula el contenido sin criterio, y nadie sabe muy bien qué está fallando.

La buena noticia es que casi siempre tiene solución. Y suele empezar por revisar algunos fundamentos que, al lanzar el proyecto, nadie se paró a definir bien.

Define qué quieres conseguir (de verdad)

Suena obvio, pero la mayoría de webs se crean sin un objetivo concreto. "Tener presencia online" no es un objetivo, es una excusa. ¿Quieres que te llamen? ¿Que contraten un servicio? ¿Que se suscriban a tu newsletter? ¿Que vengan a tu tienda?

Cada objetivo implica un diseño web diferente, un mensaje diferente y una forma diferente de medir si está funcionando. Sin eso claro desde el principio, es imposible saber si la web está trabajando para ti o simplemente existe.

Conoce a quién le estás hablando

Una web que intenta llegar a todo el mundo normalmente no llega a nadie. Antes de escribir una sola línea de texto o elegir un color, merece la pena preguntarse: ¿quién es la persona que va a llegar a esta página? ¿Qué problema tiene? ¿Qué lenguaje usa?

No hace falta montar un estudio de mercado elaborado. A veces basta con pensar en tu cliente ideal y escribir pensando en él. Las herramientas de analítica web como Google Analytics o Search Console te ayudarán después a confirmar si tus suposiciones eran acertadas o hay que ajustar el tiro.

Que la experiencia de usuario no sea un obstáculo

Una web puede tener un diseño precioso y ser un desastre para el usuario. Menús que no se entienden, páginas que tardan siglos en cargar, textos en letra diminuta... todo eso hace que la gente se vaya sin haber llegado a donde querías que llegara.

La experiencia de usuario no es un lujo ni algo reservado para grandes empresas. Es simplemente asegurarse de que quien visita tu web puede encontrar lo que busca sin frustrarse. Navegación clara, buena velocidad de carga y contenido fácil de leer son el mínimo.

El SEO no es magia negra, es sentido común

Posicionar bien en Google no requiere trucos misteriosos. Requiere que tu web hable el mismo idioma que tus clientes potenciales cuando buscan lo que tú ofreces. Eso implica usar las palabras que ellos usan, tener una estructura de contenidos que tenga sentido, y que técnicamente la web esté en forma: velocidad, versión móvil, títulos y descripciones bien escritos.

El contenido de calidad sigue siendo el factor más importante. Google lleva años premiando las webs que realmente responden a lo que la gente busca. Si tu blog o tus páginas de servicios son útiles y honestas, el posicionamiento llega solo, sin atajos.

Las llamadas a la acción importan más de lo que parece

¿Qué quieres que haga alguien cuando llega a tu web? Si no se lo dices claramente, probablemente no lo hará. Las llamadas a la acción (los botones o enlaces que invitan a dar el siguiente paso) deben ser claras, visibles y estar en el lugar adecuado.

No hace falta ser agresivo ni llenar la web de botones de colores chillones. Pero sí tiene que quedar claro qué es lo que ofreces y cómo contactar contigo o contratarte. A veces el problema de que una web no convierte es simplemente que nadie sabe qué hacer cuando llega a ella.

Coherencia de marca: que todo cuente lo mismo

Cuando alguien te encuentra en Google, luego te busca en Instagram, luego entra en tu web... ¿se encuentra con la misma empresa en los tres sitios? Si el tono, el estilo visual y el mensaje cambian de un sitio a otro, genera desconfianza aunque no se note conscientemente.

No se trata de repetir el mismo texto en todos lados, sino de que haya un hilo conductor. Que quien te descubra en cualquier canal reconozca que está hablando con la misma marca.

Mobile first: si no funciona en el móvil, casi no funciona

Más de la mitad del tráfico web viene de dispositivos móviles. En algunos sectores, ese porcentaje supera el 70%. Si tu web es difícil de usar desde el teléfono, estás perdiendo a más de la mitad de tus visitas antes de que lean una sola línea.

El diseño responsivo ya no es opcional. Y no basta con que "se vea". Tiene que cargar rápido, los botones tienen que ser fáciles de pulsar y el texto tiene que leerse sin hacer zoom.

Mide lo que pasa y actúa en consecuencia

Una web no es un folleto impreso. Una de sus grandes ventajas es que puedes saber exactamente qué páginas visita la gente, cuánto tiempo se quedan, desde dónde llegan y dónde se van. Sería un desperdicio no usarlo.

No hace falta obsesionarse con los datos, pero revisar periódicamente qué está funcionando y qué no es lo que te permite mejorar de forma continua. Si una página tiene mucho tráfico pero nadie acaba contactando, algo falla en el mensaje o en el diseño. Si nadie llega a una página importante, quizás hay que darle más visibilidad.

Mantén la web viva

Las webs que se abandonan se notan. Un blog sin actualizar desde hace dos años, páginas de servicios que ya no existen, eventos pasados que siguen publicados... todo eso genera una sensación de abandono que no transmite confianza.

Actualizar no significa publicar cada día. Significa revisar de vez en cuando que el contenido sigue siendo relevante y preciso, que los enlaces funcionan, y que la información de contacto está al día. Un par de horas al trimestre pueden marcar mucha diferencia.

Diseño y contenido tienen que ir de la mano

El error más habitual en webs con mucho presupuesto invertido en diseño: son bonitas pero están vacías. Y el error opuesto también existe: webs con contenido valioso pero tan mal presentadas que nadie llega a leerlo.

El diseño tiene que servir al contenido, no al revés. Un buen diseño web hace que el mensaje llegue mejor, que la lectura sea cómoda, que lo importante destaque. Si el diseño distrae del contenido o lo oculta, algo está fallando.


Estos diez puntos pueden parecer mucho, pero en la práctica están todos relacionados. Una web bien planteada desde el principio, con un objetivo claro y pensada para quien va a usarla, tiende a funcionar bien en casi todos ellos de forma natural. El problema suele aparecer cuando se construye la web sin haber respondido antes las preguntas básicas: para qué, para quién y qué quiero que pase cuando alguien llegue.

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